sábado, 26 de noviembre de 2011

Ena una vez… una derrotada, nombrada, sacada, designada y ratificada

Patricio Araya G.
Periodista

No obstante algunas reformas constitucionales que han ido dotando de un aire más democrático a nuestra carta fundamental, aún ella franquea ciertas licencias de cuño autoritario, o al menos, todavía permite al “mundo político” hacerle ciertas verónicas a la soberanía popular. Qué mal que le hace a Chile ese enclave autoritario de los designados, que pese al maquillaje, aún tiene mal aspecto.

La ratificación de tal calidad hecha por el Tribunal Constitucional (TC) en favor de la ex Vocera Ena von Baer Jahn, ahora Senadora –así como también la larga lista de otros afortunados que han alcanzado semejante dignidad en los mismos términos, como el presidente de RN Carlos Larraín–, es un claro ejemplo de la labilidad emocional de la Constitución Política que nos rige.

Durante el “minuto feliz” de “Tolerancia Cero”, Camila Vallejo interpeló a Ena en relación a la representatividad de ésta, llamándola “designada”, cuestión que ella, indignada, retrucó asegurando representar a “mucha gente”. A lo que Von Baer se refería –supongo– era a los habitantes de las 21 comunas de la Circunscripción Santiago Oriente que ella “representa” en el Senado, ocupando el escaño dejado por el ahora ministro de Economía Pablo Longueira.

En 2009 Ena compitió como independiente (aún no militaba en la UDI) en la lista de la Coalición por el Cambio, en la Circunscripción Senatorial 15, donde votaron 255.929 personas. De ese total, la ex ministra obtuvo 56.697 sufragios, cifra insuficiente para llegar a la Cámara Alta, siendo superada por su compañero de fórmula José García Ruminot (RN), quien alcanzó 57.439 preferencias. El bloque opositor eligió al PPD Eugenio Tuma, quien se convirtió en senador gracias a sus 74.403 votos. La derrotada igual obtuvo su premio de consuelo en el Gabinete del electo Presidente, siendo nombrada ministra Secretaria General de Gobierno, y sacada 18 meses después por su mal desempeño.

¿De qué representatividad hablará la designada por la UDI, y ahora ratificada senadora por nueve votos del TC? Ella, por decisión cupular de la UDI (ahora sí pertenece a sus filas), reemplaza en el Senado a un parlamentario (Pablo Longueira) que en 2005 obtuvo 318.434 votos. En esa ocasión sufragaron 1.328.654 habitantes de 21 comunas pertenecientes a la Octava Circunscripción.

Sin duda, los 318.434 electores, que un caluroso día de diciembre de 2005 se bancaron la fila para votar por un determinado candidato, hoy deben estar preguntándose si valdrá la pena repetir semejante sacrificio que, al cabo, por esas veleidades del sistema, se convierte en una polémica decisión de una directiva que se pasa por cierta parte ese acto soberano. Si yo tuviera que votar en esa Circunscripción no haría la fila de nuevo. ¿Por qué hacerla?

Si Ena no quiere ganarse el potencial mote de “patuda”, mejor que lo piense dos veces antes de lanzarse a su “reelección” en 2013. Sería muy digno de su parte retirarse, o reintentarlo por su zona de origen, donde tiene sus votitos. Allí, al menos, podría competir sin que la ninguneen. Si gana, bien por ella. Si pierde, se habrá sometido al escrutinio popular en igualdad de condiciones y con la frente en alto. Aún así, le queda la posibilidad de ser nombrada en algún cargo de confianza, contra lo cual no hay más que aceptar la decisión de quien nombra.

Ena, una vez lo hiciste muy bien como panelista de “Estado Nacional”. ¿Qué te pasó? Con toda certeza, fuiste presa de la megalomanía, o te engrupieron, y terminaste cediendo a la tentación de ser la comentada por tus eventuales decisiones como legisladora, y no la que comenta. A veces, es mejor estar de este lado. Se gana poco o nada. Pero se vive más tranquilo. No se duerme atormentado por las temidas órdenes de partido, ni se despierta con un móvil de TV en tu jardín haciéndote bolsa. Ni tampoco uno se expone a que una jovencita te espete tu falta de representatividad.

Te recomiendo que revises los conceptos de “legalidad” y “legitimidad”. Te juro que son muy diferentes. El primero te permite actuar conforme a la ley. El segundo es más sutil. Está colmado de subjetividades; de matices. Y, la mayor de las veces, los seres humanos nos movemos en el campo de la subjetividad, de lo inmaterial. Lo legal es más bien binario. “La ley manda, prohíbe o permite”. ¿Has escuchado eso? Qué rico es sentirse legitimado. En el ámbito familiar el padre es una entidad jurídica a cargo del orden, de la formación, y etcétera. El respeto de los hijos no se impone, se gana. Eso es legitimidad. ¿Te fijas, Ena?

Soy sincero: a mí también me encantaría que me designaran en un paga como la tuya (el problema es que no milito ni en la junta de vecinos), y con ese sueldo reguleque. Y no te cuento lo feliz que me haría ser ratificado. Aún así, no me sentiría legitimado. Ena, si hubieses sido elegida, nadie hablaría de ti; cuando más te sacarían una cuña por alguna lesera. Como eres designada, y ahora ratificada, ten en cuenta que siempre serás eso, nada más que eso; mientras no hagas el esfuerzo de cruzar la frontera que separa la legalidad de la legitimidad y unir ambos valores en un mismo acto, para el vulgo (al cual yo pertenezco), y para las élites, sobre todo para éstas últimas, que son las únicas que te importan, siempre serás sólo eso. ¡Ena, “designada”, for ever!

Sólo de ti depende cambiar de estado, colega. Duerme tranquila, si puedes.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Isla Riesgo

Patricio Araya G.
Periodista

La última edición del programa “Por qué en mi jardín” (TVN) aborda el conflicto generado en isla Riesco (ubicada en la comuna de Río Verde, en la región de Magallanes), frente a la inminente puesta en marcha de un proyecto minero destinado a extraer 73 millones de toneladas de carbón que se hallan bajo el suelo de la isla, cuya principal actividad económica es la ganadería ovina. Los lugareños se oponen, pues, estiman que la extracción afectará la vida de la isla, mientras que la empresa a cargo del proyecto se ampara en la necesidad de surtir la matriz energética nacional con un insumo ultra necesario para ella.
No obstante, a este conflicto le falta un actor, que por lástima ya resulta innecesario para el éxito final de la discusión. Ese actor –los habitantes originales de la isla, los kawéskar– ya no está entre nosotros. Los pueblos indígenas que habitaron la extensa zona patagónica chilena donde se encuentra la isla Riesco, fueron exterminados, y no por guerras tribales ni pandemias, sino por la mano del hombre blanco, europeo, croata, con el burdo pretexto del daño que le hacían a su ganado. Fueron masacrados a gran escala y sus vidas llegaron a valer menos que la de una oveja.
Ignorar esta verdad histórica es miopía, egoísmo, personalismo; retórica pura y particular de una docena de estancieros locales, empoderados de una cultura colonialista que los tiene convencidos que ellos fueron puestos por obra divina en una tierra inhabitada y virgen. De hecho, el reportaje de TVN comienza con imágenes bucólicas de una familia de niños rubios y felices que gozan del paraíso patagón. Es la familia Stipicic.
Es la propia Ana Stipicic, dueña de la estancia Anita Beatriz, quien haciendo caso omiso de la existencia de los pueblos originarios, rememora los orígenes de su familia en el lugar. “Isla Riesco es parte de mi vida, de mis hermanos; ahí llegó mi abuelo, trabajó mi abuelo, sembró; allí vivió mi padre, trabajó, sembró; ahí crecimos, fuimos felices, tuvimos muchas suerte… Hoy isla Riesco está amenazada, va a llegar una de las industrias más contaminantes a la isla, una megamina de carbón a rajo abierto, claramente eso va a cambiar la historia, nuestra historia, nuestra casa, nuestra vida”.
Su hermano Gregor ve en la instalación de las faenas mineras otros riesgos. “¿Por qué estoy en contra?… Primeramente era por un tema que se iba poner acá al lado una tremenda mina a tajo (sic) abierto con un pueblo de 800 personas, y todos sabemos lo que conlleva un pueblo minero, los problemas sociales… empiezas a indagar un poco, a conocer lo qué es el carbón, la explotación, los metales pesados, la contaminación y el daño que se genera… por el tema del viento todos los contaminantes van a caer acá y al mar…”.
Esta no es una columna de trinchera. No pretende tomar parte. Sólo desea introducir una variable ausente hasta el momento. Desde la perspectiva obtusa de la familia Stipicic, que sólo vela por sus intereses patrimoniales, sin duda el exterminio de los kawéskar, tanto en su isla como en toda la vasta Tierra del Fuego, no es un tema ni simbólico ni cultural. No es tema. Ellos están convencidos de ser los habitantes originarios, los que dieron vida a una isla inanimada y estéril; ellos son el pasado, el presente y el futuro de su isla.
¿Acaso los actuales habitantes de isla Riesco tienen un cierto temor –un gran temor– de que la tierra comience a entregar en las primeras excavaciones los restos de los masacrados por la cultura europea que se adueñó de su hábitat? Mucho más que 73 millones de toneladas de material fosilizado, el vientre de la isla, el subsuelo patagónico, alberga un pueblo entero de aborígenes fosilizados, que no tuvieron forma de defenderse de la supremacía eslava católica.
En medio de una reunión mostrada en el reportaje televisivo se lee un letrero que dice: “Sicarios no asesinen isla Riesco”. ¿Qué hay de los asesinatos cometidos en la isla –y en toda Tierra del Fuego– a manos de los croatas que se instalaron en ella para criar ovejas? Sin duda el rasgo cortoplacista de la actual discusión no da espacio a una revisión necesaria, que repare el daño causado a uno de nuestros extintos pueblos originarios, ni tampoco existe ánimo de reconocer que gran parte de la riqueza de los estancieros magallánicos, se construyó sobre las cenizas de una forma de vida tan básica, que ni siquiera pudo imaginar que esas tierras algún día darían tanto fruto.
Para los medios de comunicación, la belleza física de la representante de la familia Stipicic, representa un valor agregado del conflicto, émulo de lo que significa la imagen de Camila Vallejo, desde el punto de vista mediático, en la coyuntura estudiantil, pero que no contribuye sino a elevar el rating, relativizando el fondo del asunto. Ello es otra arista de la miopía con que suele interpretarse nuestra historia, nuestro devenir. Aquí se extraña una discusión holística, que incluya a otros, no sólo personas y empresas, matriz energética y desarrollo económico, medioambiente y sustentabilidad, también un poco de antropología y de revisionismo histórico.

jueves, 10 de noviembre de 2011

¿Qué tan primarias son las primarias?

Patricio Araya G.
Periodista

Uno siempre tiene la idea de que las cosas parten un poco más atrás de lo que se conoce de ellas, y a la vez, que luego esa etapa pasa al olvido como algo innecesario. Un buen ejemplo de esto es la propia vida humana. El derecho lo considera a uno persona a partir del día del nacimiento. La gestación pareciera no valer nada. Así lo asegura nuestro Código Civil en su artículo 74: “La existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse completamente de su madre. La criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente separada de su madre, o que no haya sobrevivido a la separación un momento siquiera, se reputará no haber existido jamás”.

Con el Conglomerado Opositor, CO2 (“ex Concertación”) –llámenosle así, no por lo tóxico en que se convirtió esa fuerza política tan potente surgida hace más de veinte años, que se gastó todo el oxígeno disponible para mantener viva la confianza que la ciudadana les prodigó con holgura, sino como el remake de una promesa incumplida de principio a fin– sucede algo muy similar.

Los cuatro coroneles del CO2 acaban de concebir a la última criatura de su vasta descendencia: las vociferadas elecciones primarias municipales 2012 (“con o sin ley de primarias”, según Carolina Tohá), cuya fecha de parto se anuncia para el 1 de abril próximo (de no mediar alguna desgracia que frustre tan hermosa ilusión, y que termine reputándola como “no haber existido jamás”), proceso con el que pretenden persuadir (una vez más) a la ciudadanía de su presunta vocación inclusiva.

En relación a las primarias de la oposición, la presidenta del PPD Carolina Tohá, afirmó que “es inédito en Chile, por primera vez, la decisión de dónde va a haber primaria no va a depender de un acuerdo entre los partidos, sino que va a depender que haya candidatos que cumplen los requisitos de una cierta base de apoyo, y allí donde haya más de un candidato que cumple con los requisitos, se va a definir por primarias y no por otros métodos, cuál va a ser quien nos va a representar en definitiva” (La Nacion.cl 26/10/2011).

“Esta situación podría replicarse en otras comunas y en otros partidos, por lo cual creo que lo más conveniente será llamar a elecciones primarias, abiertas y vinculantes… como oposición debemos hacer un esfuerzo por llevar un solo candidato. La oposición tiene que ponerse de acuerdo para que todos aquellos que quieran ser alcalde compitan en forma democrática”, aseguró el diputado radical Alberto Robles, en relación a municipios de su distrito.

Sin embargo, las prometidas primarias municipales al interior del CO2 –que sólo serán tales en la eventualidad que se lleven a cabo, en abril de 2012– hoy se hallan en etapa de “gestación”, pero no en su acepción material que implique una dinámica de trabajo participativo, serio –como sostienen Tohá y Robles–, donde cualquier militante o simpatizante de cada uno de los partidos políticos pueda ser incluido, sino en conciliábulos destinados a poner sobre la mesa los nombres de personas ya elegidas bajo ciertos criterios, que no siempre coinciden con los reales intereses partidistas, sino más bien con los de sus hombres más fuertes. De participación ciudadana cero.

Entonces, ¿qué tienen de primarias las primarias municipales del CO2? En rigor, nada. De hecho, los dirigentes más influyentes de sus partidos ya han decidido qué personas representarán sus intereses en las primarias internas, donde competirán con sus colegas de alianza. Por ejemplo, el PPD de Maipú ya decidió que la concejala Carol Bortnick será quien se mida con los elegidos por el PDC, el PS y el PRSD locales para representar al sector en la municipal de 2012. Pero, ¿hubo primarias dentro del PPD maipucino para elegir a Bortnik, o habrá primarias en los otros partidos para elegir a sus contenderos? Sin duda no hubo ese proceso participativo e inclusivo dentro del mundo progre de la histórica comuna, ni tampoco lo habrá en el resto de la oposición. A menos de un año de la elección municipal, y a pocos meses de una eventual primaria opositora, la carta pepedeista ya está sobre la mesa, a la espera de sus competidores.

Lo que sucede en Maipú con la jefa de prensa del presidente del Senado, no es un hecho aislado. Tanto en la propia Circunscripción Santiago Poniente, que incluye otras 30 comunas, como en el resto del país donde el girardismo tiene paño que cortar, se repite esta situación de exclusión de la representatividad ciudadana; ninguno de los partidos pretende incluir a sus bases, sólo se abocarán a los nombres ya elegidos para la competencia con la opción del PPD. En la derecha también están dándole vueltas a la idea, pero con la misma lógica, es decir, no hay una búsqueda de nombres, sino una cultura de la designación. Así lo manifestó el diputado RN Cristián Monckeberg en relación a la comuna de Los Ángeles.

Desde ya es válido preguntarse qué tan primaria es una primaria que parte varios pasos adelante, sin dar espacio a un proceso gestacional, inclusivo y participativo, donde cada tienda dé posibilidades a sus miembros o simpatizantes. ¿Por qué no hacer una competencia piramidal, cuya base sea la ciudadanía? Por el contrario, lo que se hace es un proceso vertical de designación de candidatos, que luego se enfrentan en una competencia ficticia, donde de antemano se sabe quién será el candidato “más representativo” para ganarle al oficialismo.

El elector merece un poco de respeto, de modo que cuando se anuncie una instancia destinada a fortalecer la democracia participativa, se haga en serio, y no se transforme en una estrategia más, que acabe consagrando el engaño y la mala intención como modo de relación permanente entre el mundo político y la ciudadanía indefensa.  

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Grecia, vale callampa?
Patricio Araya G.
Periodista

Desde la soberbia centroeuropea, encabezada en esta ocasión por la canciller alemana Angela Merkel, y por el presidente francés Nicolás Sarcozy, reunidos en Cannes con los macanudos del G-20, con toda certeza, ese promontorio de islotes y templos besados por el mar Mediterráneo, conocido como Grecia, vale hongo.

La jefa del gobierno alemán, avalada por su par galo, aseguró este jueves que “importa más el euro que Grecia” –cuestionando su participación en la Eurozona. Sin duda, Merkel –y también Sarkozy– habla desde la arrogancia de aquellos que se creen dueños de la verdad y del mundo, como si el mundo se hubiera fundado el día que ellos nacieron.  ¿Alguien le habrá contado a este par quién fundó su cultura hace 25 siglos?

Esta no es una columna económica. Para eso están los que saben. Tampoco es científica, ni mucho menos, tiene pretensiones historicistas. Sólo pretende proponer una reflexión en torno al verdadero origen de nuestra cultura occidental, que por error solemos asociar con lo centroeuropeo, engrandeciendo todo aquello que tenga ese sello.

Del mismo modo, es bueno detenerse a pensar que la contingencia de un pueblo es apenas un momento de su historia. Por lo mismo, juzgar a la Grecia de estos días por su situación en la Eurozona, puede resultar demasiado reduccionista, y en consecuencia, errático. Grecia es más que un país. Es una cultura de incalculable expansión.

A la Grecia de estos días le debemos algo más que la geometría, el teatro, la literatura, las ciencias, los Juegos Olímpicos, la filosofía, la medicina, la historia, el idioma, la arquitectura, la democracia, le debemos disculpas. Sobre todo las grandes potencias europeas, por arrastrarla a su debacle, por involucrarla en su club de ricos, por dejar de respetarla como la madre de todos, por endeudarla y enredarla en una maraña perversa.

La inclusión de Grecia en la Eurozona fue una forma de neocolonialismo económico. Podría decirse que su membresía es como la del vecino ilustrado, pero de pocos recursos, que es empujado a pagar las cuotas del club al que asisten los palogruesos del condominio. El resultado era previsible: los chicos siempre son devorados por los más grandes. Ahora las potencias centrales quieren quebrar a Grecia para quedarse hasta con el Partenón. O para salvar su pellejo y evitar los coletazos del efecto dominó. Mucho ojo.

Los orígenes de Merkel son terribles. Sus antepasados bárbaros, los germánicos, destruyeron el Imperio Romano; eran vándalos, salvajes. Tardaron varios siglos en civilizarse, incluso hace poquito nomás volvieron al salvajismo y asesinaron a seis millones de judíos. Los siento por gente decente como Kant, Beethoven, Hesse, Nietzsche, Beckenbauer, Hegel.

Los ascendientes de Sarkozy también tienen lo suyo en materia de nefasto colonialismo, tanto en África como en Medio Oriente. En América dejaron huella, que lo diga Haití, el país más pobre del mundo. Pero, Molière le abona perdón. Gracias Sarkozy por el Siglo de las Luces y por la Revolución Francesa, pero, por favor, deja en paz a los griegos.  

A Grecia, a Aristóteles, a Sócrates, a Platón, a Euclides, a Sófocles, a Heródoto, a Eurípides, a Hipócrates, les debemos humildad y gratitud. De no ser por los griegos, aún viviríamos en la barbarie. ¿Quiénes son Merkel y Sarkozy? Acaso un dato en una página de la historia. De su famoso euro y de su temida crisis, nadie hablará en 2.500 años. De los griegos se seguirá hablando mientras haya mundo que narrar.

Dioses del Olimpo, perdón por la molestia de este breve momento. Ya pasará. Ya pasarán.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Felipe la marca
Patricio Araya G.
Periodista

“Lo peor para el crecimiento es el desorden social… (En Chile) no hemos tenido un modelo social, tenemos un modelo político (el binominal)… Chile puede aspirar a ser como Nueva Zelanda o Finlandia… El retail tiene cosas complicadas… Los productos importados vienen etiquetados hasta con los precios… Hay una tasa (de interés) máxima legal que puede cambiar… El sector empresarial está pensando en una tasa de 20 por ciento de impuestos, pero se están quedando cortos, hay que subir más los tributos… Existe un estudio que asegura que entre variables correlacionadas, la más importante es la que compara agitación social y nivel de ingresos…”.

Todas estas afirmaciones las realizó el empresario Felipe Lamarca (ex presidente de Sofofa y Copec, y actual director de Ripley) en la última edición de “Tolerancia Cero”. Días antes había pronunciado otras parecidas en un seminario de Asexma. “Hay que hacer una reforma tributaria. El que tiene más, tiene que dar más. Ya que hemos crecido mucho, hay que solucionar los problemas. ¿Cómo? Con educación y salud. ¿Están los recursos? Entonces hay que hacer una reforma tributaria. Hay 18 formas de hacerlo... No tiremos la toalla”. (Diario Financiero, 18/10/2011).

En la ocasión, Lamarca ya había manifestado su aprehensión con el sistema binominal, que según él, sólo “se entiende con la gran empresa”. En el ámbito social, el empresario sostuvo que “en Chile hemos cambiado del cielo a la tierra, pero es un país muy desigual. No estamos contentos, si bien estamos mucho mejor que antes. Hemos tenido un record de crecimiento en los últimos 20 años pero la gente está reclamando. Concluyo que nuestro éxito económico no se ha traducido en una sociedad mejor. El problema en Chile no es económico, hay problemas de desigualdad. Hay que preocuparse de la gente” (DF).

¿Qué más se podría agregar a estas inquietudes? Las palabras de Felipe Lamarca, en clave de mea culpa, al parecer, pasaron inadvertidas, o fueron ignoradas por sus destinatarios. Nadie ha recogido el guante. Ni en el gobierno ni el empresariado acusaron el golpe. ¡No se oye padre!

Semejante falta de reacción se condice con la actitud de indiferencia con que ambos actores vienen enfrentando el tema de la distribución del ingreso, y la consecuente desigualdad social. No obstante, que un líder gremial de la alcurnia de Felipe Lamarca, se anime a reconocer la enorme e indesmentible responsabilidad social del empresariado chileno, es un avance.

Hace algunos años fui desmentido en público cuando al referirme a nuestro país sostuve que Chile era un país pobre. De pobre no tenemos nada. Chile tiene recursos naturales que cualquier país se quisiera, un clima privilegiado, una vasta y variada geografía que permite el asentamiento de la población y su desarrollo, y sobre todo, gente trabajadora e inteligente. El problema es que el chancho está mal pelado.

Se dice que Chile tiene un ingreso de 15.800 dólares per cápita –y el FMI estima que para 2016 será de US$ 20.253. Si ello fuera cierto, es legítimo preguntarse quién se está quedando con ese dinero. Según el académico de la Universidad de Chile, Dante Contreras, en países desarrollados como Canadá y Estados Unidos, la posibilidad de heredar la riqueza asciende a 19 por ciento, en Chile, es de 58 por ciento. Dato suficiente para comprender que la cuestión es mucho más compleja.

En consecuencia, los dichos de Felipe Lamarca deberían ser puestos en discusión a todo nivel, en especial, a nivel de gobierno y empresariado, que son los dos principales entes involucrados en la solución del problema. Felipe marca la pauta cuando afirma que “hay que hacer una reforma tributaria. Hay 18 formas de hacerlo... No tiremos la toalla… Hay que preocuparse de la gente”.

No hay otra manera de equilibrar el desarrollo social. Hacer oídos sordos no sólo es ser poco solidario; avaro, también es buscarse problemas, pues, más temprano que tarde, la válvula de la olla a presión no resistirá. 2012 podrá no ser el año del fin del mundo, tal vez sea el año del fin de un sistema que ya no da para más.  

No sigamos siendo un Mercedes Benz último modelo con los neumáticos lisos. De nada sirve el desarrollo tecnológico, si el hedor de la pobreza nos hace un país pestilente.  

lunes, 24 de octubre de 2011

Militar en la Junta
Patricio Araya G.
Periodista

¿Alguien se ha preguntado alguna vez cuántos chilenos militan hoy en los partidos políticos con representación parlamentaria? La respuesta es el mejor comprahuevos que pueda escuchar un ciudadano curioso. Para empezar, la información es imposible de conseguir. Amparados en insólitas explicaciones, en los propios partidos se excusan de entregar alguna cifra. En el Servel se refugian en una respuesta tipo call center: “sólo los partidos pueden dar información de sus militantes”.
Tras varios e infructuosos intentos por conocer la cantidad de inscritos en los partidos políticos, la conclusión no puede ser otra que, de existir, la mentada cifra sería otro más de nuestros mitos urbanos mejor alimentados.
Un optimista y disciplinado militante socialista asegura que su colectividad cuenta con un padrón de 100 mil inscritos. En la UDI no se quedan chicos. Allí también se aventuran con una cantidad similar; sus pares aliancistas de RN no quieren ser menos. En el PDC calculan tener unos 80 mil. Y así hasta que no queda más que pensar que en este caso, el deseo de ser muchos más supera la realidad.
Para no ser injustos, y para que nadie se sienta ofendido, pensemos en un promedio de 90 mil militantes por partido presente en el Congreso. La suma total de militantes alcanzaría 720 mil ciudadanos inscritos en las diferentes colectividades (UDI, RN, PS, DC, PPD, PRSD, PC y PRI).
Bien sabemos que el ejercicio es sólo pedagógico. De real no tiene nada. Sólo es útil para hacernos algunas preguntas: ¿cuántos de esos 720 mil militantes tienen incidencia en las decisiones de sus partidos?, ¿dónde y cuándo se reúnen 90 mil personas a debatir?, ¿qué es más potente en este caso, la generosidad o la imaginería?
Basta averiguar en nuestro entorno quién milita en un partido para darse cuenta que a muy pocos les interesa el asunto. De ello se colige lo difícil que sería encontrar a 720 mil militantes. En rigor, es más fácil encontrar hinchas (no socios) de Colo Colo o la Universidad de Chile. Alguien podrá decir que en política pasa lo mismo. Hay más simpatizantes que militantes. Pero no es así. Aunque alguna vez hubo simpatizantes de la Concertación y también de la derecha, hoy son pocos los que quieren asumir esa mínima condición.
Entonces, ¿quién milita en la Concertación?, ¿quién decide cosas allí? De sus supuestos 360 mil adherentes nadie sabe nada; ni siquiera sus presidentes podrían convocarlos, porque, entre otras cosas, no saben dónde están y quiénes son. Si es que existen.
La Concertación se ha vuelto un grupo de cuatro personas que se juntan cada cierto tiempo a ver cómo lo hacen para no desaparecer como vocablo político. Sus cuatro presidentes se reúnen con la idea de decidir el futuro del país tal como hacían los cuatro miembros de la Junta Militar: entre cuatro paredes y sin más representatividad que la propia; sin legitimidad. Allí, en los pisos más altos del Diego Portales, se decidían cosas muy importantes. Los cuatro militares le llamaban decretos leyes a sus decisiones, y sus seguidores las consideraban salmos responsoriales.
Los cuatro presidentes de la Concertación –o lo que queda de ella– igual que el comerciante que hace sus últimos intentos antes de la quiebra inminente, sacan cuentas alegres a partir de lo que alguna vez fueron, sin atreverse todavía a reconocer los graves errores que los condujeron a la debacle; en subsidio, sólo se palmotean la espalda felicitándose por lo bueno que creen haber hecho.
Cada vez que observo a los cuatro presidentes concertacionistas, no puedo dejar de evocar un recuerdo de infancia. En aquella época nuestra ya difunta madre trabajaba extensas jornadas, y lo único que deseábamos al final del día era su regreso para poder contarle nuestras peripecias para sobrevivir; estar con ella. Sentirla para sabernos seguros. Ella solía llegar muy cansada y casi no nos escuchaba, sólo quería descansar. Pero ella era nuestra líder y sin ella no éramos nada.
Los cuatro presidentes de la Concertación se sienten desolados. Sólo esperan que vuelva su madre desde Nueva York y los abrace y los libere del cuidado de la casa. Frente a tal incertidumbre cabe preguntarse quién quiere militar en la junta de los cuatro, si ellos mismos apenas se atreven a sacar la voz. Queda claro que son incapaces de organizar una concentración de esas de antaño para reunir a sus partidarios. Lo mejor sería disolver la junta y dejar que la gente se dé la organización que se requiere para un futuro que será muy diferente al presente, y para el que cuatro son muy pocos para escribir la nueva historia. La inscripción automática podría traernos más de una sorpresa.

lunes, 17 de octubre de 2011

Indignación alba
Patricio Araya G.
Periodista

Si alguien aún no entiende qué causa la indignación de la inmensa mayoría de la sociedad civil contra “el sistema” que regula nuestra vida nacional, la Intendenta de la Región Metropolitana, Cecilia Pérez, lo explicó sin problemas este fin de semana, montando cuatro anillos de seguridad en torno al barrio San Carlos de Apoquindo, donde vive una minoría privilegiada, que con sólo desearlo, puede desatar desde el oriente todo su desprecio hacia los otros puntos cardinales de la capital –modelo que se replica desde los diferentes ghettos ABC1 a través de toda la geografía chilena.
El inédito operativo policial en los alrededores del estadio San Carlos de Apoquindo, tenía como único propósito garantizar durante cuatro horas la tranquilidad de los vecinos de ese privilegiado sector. Vecinos con suficiente poder para demostrar –cada vez que sea necesario– de qué estamos hablando cuando alguien no entiende esa gabela de la indignación, que tanto alboroto provoca en tantas partes, y que un día antes había congregado a millones de personas en todo el mundo para reclamar contra los abusos de todo tipo, a manos de gobiernos y de la banca.
“Yo lo único que veo aquí son delincuentes, no hinchas”, afirmó a un canal de televisión un vecino montado en su 4x4, en relación a los transeúntes que caminaban por su barrio la mañana del domingo. Ése es el punto: la existencia de dos países en un mismo territorio, separados por su odio ancestral. Chile es como Palestina, allí viven en un mismo terruño dos pueblos que también se odian. El origen de semejante descalabro está en la Declaración Balfour de 1917.
El origen de nuestro odio criollo es un poco más complejo, aunque bien podría afirmarse que, igual que con el Medio Oriente, fueron las grandes potencias las responsables de un sistema aberrante para la convivencia pacífica. Nuestra “Declaración Balfour” se llama “Neoliberalismo” y sus autores son los Chicago Boys de 1975, que nos agruparon en “flaites” y “cuicos”.
Un ingenuo Chito Faro escribió: “Si vas para Chile, te ruego que pases por donde vive mi amada… El pueblito se llama Las Condes y está junto a los cerros y el cielo. Y si miras de lo alto hacia el valle, verás que lo cruza un estero. Campesinos y gentes del pueblo te saldrán al encuentro, viajero. Y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.
A estas alturas ya sabemos quiénes nos pueden salir a recibir en las cercanías de Las Condes, y que, a la luz de las detenciones arbitrarias sufridas por los hinchas de Colo Colo en San Carlos de Apoquindo, queda claro que nadie quiere a los forasteros en la cota mil.
Excepto a los trabajadores útiles al sistema. Trabajadores que una vez concluida su tarea regresen al poniente, al norte y al sur. Lo impresionante es que nuestra democracia hemipléjica no tiene interés en desterrar la desigualdad que nos abruma. Sus beneficiados directos son los menos interesados. Lo patológico del cuento es escuchar a medio mundo hacer gárgaras con el tema, sin hacer más que comentarios inocuos.
Si en algún momento los “flaites” se organizaran en serio y decidieran llegar a la cota mil a exigir algo más que una entrada para ver un partido de fútbol, no debería extrañarnos el griterío que se armaría, frente al cual de nada servirían los anillos de seguridad, ni los vecinos “agredidos” por el mero mal aspecto de unos “delincuentes” que invadan sus privilegios.
Tal vez algún día Chile figure en los noticieros de todo el mundo como la nueva Palestina de Sudamérica. Tal vez entonces seamos el epítome de la desigualdad y el odio. Y el “Si vas para Chile” se instale en la mente de los extranjeros como otra más de las mentiras de un país que es menos de lo cree ser, y mucho más de lo que es en materia de convivencia humana.
Al final, el resultado del partido (U. Católica 4 Colo Colo 0) es una anécdota, o un dolor de cabeza para el DT albo. Lo que no debería ser una anécdota es la humillación de unos chilenos sobre otros chilenos. Eso debería preocuparnos y causarnos mucho más que indignación. En serio.